lunes, 30 de julio de 2007

Apuntes para pensar

SOBRE LO GANADO Y LO PERDIDO

Gran parte del Siglo XX -siglo de la Modernidad por excelencia- se caracterizó por las búsquedas, no exentas de fuertes enfrentamientos, encaminadas a prescindir de la anécdota en el arte o por lo menos de subsumirla en una totalidad artística capaz de proponerse en primer lugar a la mirada del espectador. Esto, en las artes visuales, significa privilegiar las relaciones formales, técnicas y porque no de contenido: emocional, espiritual, expresivo o como quiera llamársele a aquello inasible e inexplicable, tan peculiar del arte, sobre la narración de historias, por edificantes que estas sean. Al artista más comprometido se le exige (¿se le exigía?) un compromiso anterior con la excelencia profesional, para llamar de algún modo tal vez inadecuado, al hacer arte.

Lo ganado sería: Puede importarme o no lo que me cuentas, importa como lo cuentes.

Sin embargo el arte hoy, sobre todo el de la Bienales, presenta un amplio catálogo de causas, a no dudarlo justas y nobles tales como los problemas derivados de las migraciones desde la periferia a los países centrales, el calentamiento global, la discriminación de las minorías, etc., etc. El creador, hombre o mujer, está no solo ideológicamente implicado en los problemas vitales del mundo actual, sino también en la interpretación estética de los mismos, de manera manifiestamente clara, en ocasiones no exenta de pedagogía.

¿Sería esto lo perdido?, ¿o lo anotamos en el haber?

Cito a Rancière: “El arte crítico que invita a ver las huellas del Capital detrás de los objetos y los comportamientos cotidianos, se inscribe en la perennidad de un mundo en que la transformación de las cosas en signos se ve aumentada por el exceso mismo de los signos interpretativos que hace que se evapore cualquier rebeldía de las cosas.”

Raúl Ponce

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